Penúltimas palabras
Las últimas que me dijiste --sorprendido y disimuladamente molesto-- fueron: "qué milagro".
Antes, en diciembre me enviaste un estúpido mensaje: "De corazón, que 2006 esté lleno de amor y éxito". Tenías que decirlo así, como esperando que yo hubiera entendido entre líneas: "deja de molestarme porque yo nunca te voy a querer" --al menos, no como yo siempre lo necesité. Pues sí, lo entendí desde antes.
Hoy pasé frente a tu trabajo, ¿sabes? Ya sé que no te importa. A mí tampoco me interesa que no te importe. Sólo quería decirte que sé que te hubiera gustado que a veces nos reuniéramos en un café que recientemente descubrí, donde trabaja un hermoso perro como compañía de los comensales. (Hay tantos cafés en esta ciudad y cuando pensamos que habíamos dado con uno agradable, por la glorieta del Riviera --qué triste que el Riviera haya desaparecido; seguramente al rato lo convierten en lo que ahora llaman idiotamente "antro"--, resultó que la casita de chocolate tenía una bruja-gerente, entrometida como la peor antiheroína de cuentos).
Bueno, es todo. Ojalá que te acuerdes un sólo instante de mí este fin de semana.
Antes, en diciembre me enviaste un estúpido mensaje: "De corazón, que 2006 esté lleno de amor y éxito". Tenías que decirlo así, como esperando que yo hubiera entendido entre líneas: "deja de molestarme porque yo nunca te voy a querer" --al menos, no como yo siempre lo necesité. Pues sí, lo entendí desde antes.
Hoy pasé frente a tu trabajo, ¿sabes? Ya sé que no te importa. A mí tampoco me interesa que no te importe. Sólo quería decirte que sé que te hubiera gustado que a veces nos reuniéramos en un café que recientemente descubrí, donde trabaja un hermoso perro como compañía de los comensales. (Hay tantos cafés en esta ciudad y cuando pensamos que habíamos dado con uno agradable, por la glorieta del Riviera --qué triste que el Riviera haya desaparecido; seguramente al rato lo convierten en lo que ahora llaman idiotamente "antro"--, resultó que la casita de chocolate tenía una bruja-gerente, entrometida como la peor antiheroína de cuentos).
Bueno, es todo. Ojalá que te acuerdes un sólo instante de mí este fin de semana.

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