Thursday, March 02, 2006

Penúltimas palabras

Las últimas que me dijiste --sorprendido y disimuladamente molesto-- fueron: "qué milagro".
Antes, en diciembre me enviaste un estúpido mensaje: "De corazón, que 2006 esté lleno de amor y éxito". Tenías que decirlo así, como esperando que yo hubiera entendido entre líneas: "deja de molestarme porque yo nunca te voy a querer" --al menos, no como yo siempre lo necesité. Pues sí, lo entendí desde antes.
Hoy pasé frente a tu trabajo, ¿sabes? Ya sé que no te importa. A mí tampoco me interesa que no te importe. Sólo quería decirte que sé que te hubiera gustado que a veces nos reuniéramos en un café que recientemente descubrí, donde trabaja un hermoso perro como compañía de los comensales. (Hay tantos cafés en esta ciudad y cuando pensamos que habíamos dado con uno agradable, por la glorieta del Riviera --qué triste que el Riviera haya desaparecido; seguramente al rato lo convierten en lo que ahora llaman idiotamente "antro"--, resultó que la casita de chocolate tenía una bruja-gerente, entrometida como la peor antiheroína de cuentos).
Bueno, es todo. Ojalá que te acuerdes un sólo instante de mí este fin de semana.

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