Sunday, March 26, 2006

Rocío Dúrcal, tú y yo

"Amor, lo nuestro sólo fue casualidad: la misma hora, el mismo bulevar. Ya lo ves, la vida es así, tú te vas y yo me quedo aquí". ¿Recuerdas (do you...?) que hace unos años esa canción no me gustaba y a ti te parecía sublime? Dijste que te encantaba esta parte: "si alguna vez nos vemos por ahí, invítame a un café y hazme el amor" y yo pensaba que era horrible; un par de años después no me pude salir con la mía y te entregué mi espada. Ahora, cada vez que tocan "La gata bajo la lluvia" pienso en ti.
¿Cómo no recordarte cuando oigo a Rocío Dúrcal si en los tiempos cercanos al desierto escuché "cuántos años han pasado y aquí estamos frente a frente..."? La primera vez pensé que hablaba de un reencuentro, de nosotros, pero no, habla de una historia sin fin y nuestra vida sólo estuvo llena de reencuentros lejanos.
Ayer murió Rocío Dúrcal. Lo supe cerca de la medianoche y casi no lo creí, ya sabes, las resistencias a aceptar las señales de muerte de la vida propia . Después me fui a dormir y tuve un sueño sublime. Claro, un poco tonto como muchos sueños, no por ilógico, pues así son los sueños, sino por algunos personajes que tenían que aparecer ahí.
Soñé con López-Dóriga, sí, el que sabemos. ¿Sabes que es lo realmente maravilloso de este sueño? Que López-Dóriga es una sustitución de tu persona. La emoción que me acude al verlo no es sino la emoción de pensar en ti: esa sonrisa inteligente (sí, a pesar de todo, es un hombre sumamente inteligente) me lleva a pensar en tu sonrisa acertada, después de cada juicio agudo. La forma implecable de su vestir me remite a tu elegancia, pero tú sí tienes buen gusto. Además, siempre he pensado que ese personaje lleva encerrado un gato de erotismo, como tu gato garciaponciano.
No sólo fue la noticia de Rocío lo que me hizo soñar contigo, aunque tú nunca hubieras aparecido por ningún lado. También fue que por la tarde, casi accidentalmente (que se crean los ingenuos aquello de las coincidencias) entré a ese café donde pasamos una tarde de diciembre y tú te veías tan guapo con la corbata roja que siempre te halagué. En el lugar había una pareja de amantes que marcó su clandestinidad con un primer beso. Lo supe por la mirada triunfadora y expectante de ella y por lo ansioso y culpable de él. Me pareció que ambos eran médicos (no puedo decirte aquí el porqué). Hubiera dado mi vida porque quien estuviera sentado junto a mí otra vez hubieras sido tú y no mi acompañante, un buen amigo, pero ese sitio es para nosotros, aunque el "nosotros" sea ahora tan difunto como Rocío Dúrcal.
La pregunta es la de siempre: ¿me habrás recordado por un momento, Fernando añorado, cuando supiste que la voz de "La gata bajo la lluvia" se fue para siempre?
Este domingo te extrañé todo el día, como muchos días. Ya lo ves, la vida es así.

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