Wednesday, May 23, 2007

Híjole. ¿Qué hago yo aquí? Se supone que sólo ocasionalmente vendría para comprobar que nunca te asomas ya a este blog. ¿Te habrás asomado alguna vez? Tal vez ni siquiera...
En fin. Estos días tu recuerdo llegó acompañado de unas ganas inexplicables (como todos los deseos, inexplicables y tiranos) de recordarte. Se supone que este momento debería dedicarlo a otros, pero ni modo: Noel Nicola y Angela Carrasco me empujaron en caída libre hacia esta última morada tuya vacía.
También por la tarde estuve tentada a llamarte, ¿para qué? No lo hice porque todo era previsible: yo colgaría apenas te escuchara (o quizás antes) y luego ¿qué? que tu verías mi número y ya. Ahora mismo quisiera dejarte un recado... ¿qué dijera qué? Mon Dieu! ¿ya ves lo que siempre has provocado? un deseo muerto antes de nacer.
Te extraño, Fernando. En realidad extraño el deseo encarnado en tu nombre, en la noción de tu cuerpo y en lo que nunca hubo entre nosotros (en lo que nunca quisiste darme y en lo que rechazabas de mí).
No sé qué más decir. No puedo decir nada. Acabo de convencerme de que tu fantasma me perseguirá toda la vida.
Bueno, se han terminado Noel Nicola y Angela Carrasco. Ahora canta Aretha Franklin una canción que no es para ti.
Me voy.

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