Es domingo por la noche. Sí, ya sé dónde debes estar, seguramente contento, o por lo menos, relajado. Mañana se renuevan el estrés y el mal humor.
"This is the end" canta Morrison mientras me pregunto si el último encuentro tenía que ser de esa manera. Supongo que tú hubieras querido que nos viéramos como si nada, como siempre, y quizás en el fondo yo también, pero las cosas escaparon a la voluntad de ambos y salieron de otra forma: se acabaron los encuentros civilizados y esta vez (menos que nunca) pudimos resistir una situación distinta y lo único que conseguimos fue un encuentro donde tu orgullo quedó un poco maltrecho y yo -utilizando una frase un tanto estúpida-, con lágrimas y un par de semanas con el corazón roto y ansiedad de verte... "Ya lo ves, la vida es así".
¿Tenías que decir después: "luego te llamo, bueno, mejor no..." o algo muy parecido? Yo no esperaba nada de ti. No puedo, ni quiero esperar ya nada de ti. Sólo te llamé y ya, quizá porque mi cerebro se niega a olvidar tu número de teléfono (es previsible que pronto lo cambiarás).
Hace poco te dije que entre nosotros había existido una historia de entrañas, pero después me di cuenta de que -otra vez- me equivoqué. Lo siento (en todos los sentidos de esta expresión): la única que ha vivido así esta historia soy yo (ya lo ves, la vida es así); además, también quiero rectificar otro falso supuesto (ya sé que no te importa, pero de todos modos quiero hacerlo): yo no soy ninguna viuda virtual tuya (¡ojalá fuera siquiera esto!), más bien, soy parte del mismo cementerio donde tuve que enterrar tu recuerdo nunca logrado.
Con estas palabras francesas regreso a mi tumba en un negro y olvidado cementerio.
"This is the end" canta Morrison mientras me pregunto si el último encuentro tenía que ser de esa manera. Supongo que tú hubieras querido que nos viéramos como si nada, como siempre, y quizás en el fondo yo también, pero las cosas escaparon a la voluntad de ambos y salieron de otra forma: se acabaron los encuentros civilizados y esta vez (menos que nunca) pudimos resistir una situación distinta y lo único que conseguimos fue un encuentro donde tu orgullo quedó un poco maltrecho y yo -utilizando una frase un tanto estúpida-, con lágrimas y un par de semanas con el corazón roto y ansiedad de verte... "Ya lo ves, la vida es así".
¿Tenías que decir después: "luego te llamo, bueno, mejor no..." o algo muy parecido? Yo no esperaba nada de ti. No puedo, ni quiero esperar ya nada de ti. Sólo te llamé y ya, quizá porque mi cerebro se niega a olvidar tu número de teléfono (es previsible que pronto lo cambiarás).
Hace poco te dije que entre nosotros había existido una historia de entrañas, pero después me di cuenta de que -otra vez- me equivoqué. Lo siento (en todos los sentidos de esta expresión): la única que ha vivido así esta historia soy yo (ya lo ves, la vida es así); además, también quiero rectificar otro falso supuesto (ya sé que no te importa, pero de todos modos quiero hacerlo): yo no soy ninguna viuda virtual tuya (¡ojalá fuera siquiera esto!), más bien, soy parte del mismo cementerio donde tuve que enterrar tu recuerdo nunca logrado.
Abro en mí un teatro
donde se representa un falso sueño
un simulacro sin objeto
una vergüenza que me hace sudar
no hay esperanza
la muerte
la vela apagada de un soplo
Con estas palabras francesas regreso a mi tumba en un negro y olvidado cementerio.

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