Friday, August 31, 2007

Ese hombre no tiene nada que ver contigo. Es un hombre simple, un trabajador como todo el mundo, como tú y yo, y creo que sólo en eso sí es igual a ti. Cuando lo veo me pierdo en sus gestos y en su tono de voz sureño, dulce, porque que me traslada a tu susurro de palmas escondidas. Entonces te veo sentado frente a mí, con tu sonrisa franca y moderada, con tus ojos ligeramente entrecerrados y vuelvo a sentir el impulso de levantarme y comerme a besos tu sonrisa, y abrazarte como nunca pude hacerlo, como muchas veces quise.
Ese hombre simple me hace pensar que la vida es más sencilla, y también me recuerda que la parte de la mía donde te llevo nunca pudo ser sino tormentosa, casi siempre.
En fin, hubiera querido evocar muchas cosas tuyas ahora, pero estoy aún en el trabajo y la semana ha sido pesada. Bueno, de paso sólo te (me) digo (de nuevo) que ocasionalmente me gusta recordar que a veces despertamos juntos y que era muy lindo, y que también me gusta preguntarme cómo habría sido de vez en cuando encontrarme contigo después del trabajo, platicar un poco sobre lo que te gusta, lo que me gusta y despertar a tu lado otra vez.

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