Wednesday, August 15, 2007

“Te extraño, como se extrañan las noches sin estrellas, como se extrañan las mañanas bellas…”
¿Qué tienes tú que ver con la voz de Vicky Carr en mi cabeza?, ¿qué tienes tú que ver con los golpes da a mi corazón A whiter shade of pale, aquella mítica canción de Procol Harum que acompañaba a un pintor desesperado en una película de Martin Scorsese desde la primera escena?
Siempre me lo pregunto y siempre la respuesta es: nada.
Te quiero con todo y tus defectos, escribiste. No es así. Como tampoco eres tú –el que escribe, el que dice, el que sólo a veces se presenta como imagen fantasmal frente a mí- el que yo busco. Sí: a veces me siento como la Penélope de Serrat.
De todos modos, hace ya algunas semanas que te vi –acaso por última vez- y esta mañana te extraño. Por eso te escribí ese tonto mensaje de buenos deseos, de clase media que gusta de “guardar las formas” y que, por encima de todo -como si no existiera entre nosotros una historia de entrañas- se desea buenos días y cosas por el estilo.
Sólo quería decirte que hoy te extraño.

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