Thursday, September 13, 2007

Hoy me encontré en el Metro a Ch, ¿te acuerdas de aquel ex compañero de una clase de idiomas?
Ch. ha cambiado: su cabello es extrañamente rizado, pero no ha dejado de fruncir la nariz y la frente. Ya se adivinaba su destino profesional, lo que, inevitablemente, me remitió a tus ángeles protectores (afortunados, ellos de verte y oírte cuando quieren).
Y mientras lo observaba pensaba en lo que dirías si tú lo hubieras visto, y también me preguntaba porqué es tan idiotamente doloroso no poder hablar contigo de algo tan simple como este encuentro con alguien que tú y yo conocimos.
¿Te acuerdas? Con él caminamos en un Ajusco nevado hace muchos años. Éramos estudiantes y nos habíamos repartido la lista de alimentos que llevaríamos para el paseo ( la única que cumplió fui yo). Yo no conocía la nieve y los zapatos se hundían en ella, pero lo más padre de esa breve caminata fue que la risa de Ch. advertía que entre sus compañeros de salón de clase había algo más que un pretexto para ir a caminar.
Después de eso vinieron varios cafés en San Ángel, luego la mención de un tocadiscos portátil (como intento de rescate de nuestro honor, hay que decir que el aparato era de una tía tuya, aunque no sé si realmente lo había porque no lo llevaste...)
Y me sigo preguntado porqué es tan complicado hablar de esto contigo en un café... Las posibles respuestas son las únicas que conozco: porque siempre te gustó hacerme esperar a verte y que yo me creyera tus promesas de vernos, y hasta de ir al mar; porque te gustaba pensar que yo esperaba que los encuentros fueran reales... porque.... ¿por qué me dijiste que me querías la última vez que nos vimos?, ¿por qué me hiciste sentir mal tantos días después? La respuesta es la misma.

0 Comments:

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home