Saturday, September 08, 2007

Io, lontano da te,
pescatore lontano del mare...
¿Te acuerdas? Un día, hace algunos años, me dijiste que te gustaba esta canción italiana que no corresponde ni siquiera a tu adolescencia o a la mía, pero que de todos modos resultaba hermosa.
Un gran amor y nada más.
A mí me gustaba porque me hacía pensar en ti y porque a ti te gustaba.
Hoy me pone un poco triste. No podría decir "todavía me pone un poco triste". Estoy convencida de que siempre que piense en ti, no importa cuál sea la circunstancia de mi vida, voy a seguir queriéndote y te voy a extrañar. Sí, ya sé que tú no. No way out, my friend.
Estoy escuchando los vestigios de Radio 6.20; están tocando un disco con viejas canciones italianas. La tarde está muy linda y desde este edificio primero veía la ciudad limpia y ahora rodeada de luces. He recordado también que me contaste una anécdota curiosa de tu vida profesional que se cruza con tu vida anímica y que siempre me hacía bolas cuando trataba de resolverla: me dijiste que te daban miedo las alturas y que una vez caminaste aterrado por el segundo piso del Teatro de la Ciudad. ¿Sabes? la palabra ... que designa tu carrera profesional, desde que apareciste en mi vida, me inspira admiración. Por eso iba a conferencias en la que fue tu Facultad, aunque no entendiera mucho, pero siempre salía fascinada, tratando de entender lo que rodeaba tu mundo.
Aún ahora puedo recordar tu letra estilizada y también la tengo guardada en un cajón, aunque sólo hubieras escrito alguna dirección u otro dato.
Ahora, a unos minutos de que termine la emisión de canciones italianas y cuando debo dejar de escribirte porque ya se me acumuló el trabajo, canta Emilio Pericoli una que una vez me grabaste en un casette: Al di la. Y no puedo hacer nada contra mi deseo de verte y besarte.
Te extraño, Fernando.

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