Saturday, January 01, 2011

El deseo...

"El deseo, siempre el deseo..." decía Luis Gerardo Salas en una viñeta de Rock 101.
El deseo es obstinado. Es como un decreto que sobrevive a la existencia. Tal vez por eso el doctor España decía que somos producto de una cadena de deseos... Lo único bueno es que no tuve un hijo que cargara con mi obsesión por ti al que le hubiera llamado Fernando. ¿Recuerdas ese tiempo ahora? Me gustaría tanto saber qué piensas ahora, más de 20 años después, de esa imposibilidad real.
Te voy a decir algo que no te importa, pero lo voy a hacer porque de algo sirve este reducto perdido en la red: tengo unas ganas enormes de que una tarde lluviosa tomemos café en una terraza, en la que nos perdamos entre el viento de los coches y de la gente y en el paisaje de la ciudad de México que aún existe. Me asaltarían ganas de hacer el amor contigo, como la mañana de este primero de enero de un año más que no te he visto, cuando me disponía a bañarme, pero no te lo diría. Leería tus recursos tramposos de seducción y sabría que al final sólo nos despediríamos con un abrazo fuerte, en el que yo sentiría tu fuerza y tú mis senos.
Si tan sólo esos abrazos finales hubieran sido completos alguna vez: no sólo con fuerza torácica, sino también en los que se hubiera podido sentir la furia de tu sexo... pero siempre fuiste tan socialmente correcto... Ay, Fernando, nunca entenderé cómo alguien con tu inteligencia ácida siempre fue tan convencional...
Ayer, al contrario de lo que había pensado, recibí un mensaje tuyo con buenos deseos convencionales para 2011 y de paso con un "amada" antes de mi nombre: una provocación más que me volvió a tocar y me hizo pensar en ti en tu deseo vivo pero avasallado por el ello, por lo que socialmente no te deja verme y amarnos una vez más... o eso quiero pensar. Creo que tu deseo es real, pero es fugaz. El mío por ti también existe y me voy a morir con él (si es que muero cuando lo calculo y no antes, aunque en este país ya nada se sabe sobre la vida), pero ya no me avasalla como antes.
Qué curioso: mucho tiempo pensé que tendría ganas de espetarte Estuve enamorado de ti, de Rafael, pero ahora escucho a Shakira y recuerdo esa tarde nublada y semilluviosa como los días engañosos de San Luis Potosí -donde te amé una noche y vimos una espantosa película de Polansky-, cuando te llevé una carta de ilusoria despedida.
Pero ya ves, ya lo sé de nuevo: el deseo no muere.
¿Cómo eres ahora, que desde hace unos años no eres mas que unas líneas de mensajes de texto? ¿Tienes algunas canas más?
Cómo me encantaría hacer el amor una vez más, la última, contigo. Pero como no voy a desear imposibles, tampoco voy a desearte feliz año nuevo, sino que tengas fuerzas suficientes para que sobrevivas a tu trabajo y a este país que cada día está más sumergido en el infierno.

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